Ay mi amor, papito, me duele, no seas tan brusco

Aunque se quejaba amargamente del cogidón que le estaban dando, la niña simplemente no pedía que parara, sino más bien que fuera más cariñoso. Pero a su vato, le valió madres, y se la siguió culeando mientras los gritos y gemidos de ella se replicaban en la habitación. La verdad envidió su suerte porque tener a una hermosa y sexy mujer en la cama es algo admirable. Sobretodo destaca la pasividad y sumisión que muestra al quejarse, pero «poquito» ante el grosor y tamaño de la verga que le está, literalmente, reventando el fundillo. Sin duda un video que me pone la verga a punto de caramelo.

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