Flaquita de Monterrey se queja pero disfruta de ser culeada

Flaquita de Monterrey se queja pero disfruta de ser culeada. La pobre chica apenas si podía mantenerse empinada. Y como no, si el gordo que se la estaba cogiendo la penetraba con furia. Parecía que se le iba la vida en tenerla esa noche. Como si no pudiera hacerla suya en otra ocasión. Y saben qué, así lo creo, Pues el tipo sabía que esa era una de esas conquistas de ocasión. Y ella, lo disfrutó, pues aunque el tipo, no era el común de hombres que le gustan, sí que lo supo disfrutar. Sobre todo porque encontraron la forma de ser compatibles en la cama.

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