Haz conmigo lo que quieras mi amor… soy tuya papito

Desde que nos conocimos en la oficina nos caímos bien. Ella era bastante tímida pero conmigo se sentía cómoda y con ganas de aprender. Así que cuando finalmente la invité a salir, me pareció sorprendente que me dijera que es casada. No podía creer que una mujer como ella tuviera hijos, pues era realmente tímida. Por eso, cuando accedió a ir conmigo por un trago, supe que ese era el momento adecuado para seducirla. Y vaya que funcionó, tal vez ese día ella estaba triste; en realidad no lo sé. Lo que sí sé es que ella al final de una serie de tragos y plática agradable, me susurró al oído: vámonos de aquí. Que noche tan espectacular.

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