La puta empezó a suspirar por las caricias en su rica vagina.

El coqueteo entre nosotros empezó hacerse mas habitual y ayer en una posada de la oficina me atreví a dar el siguiente paso y la aborde con unos roces que se convirtieron en caricias muy intimas que me llevaron a darle un masaje en la panocha abajo de la mesa y me calenté mas al verla suspirar. Me acepto de inmediato y nos prendimos muy rápido que no terminamos de cenar en la fiesta y nos fuimos a coger con un desenfreno increíble.

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