Le dije que no iba a dolerle para culearla rico

Le dije que no iba a dolerle para culearla rico. Pobrecita, de verdad la compadezco porque mi verga es gruesa y cabezona. Sé que cualquier mujer que me reciba termina por llorar. No porque no la aguanten, sino porque el grosor las hace sudar. Ya luego, cuando se acostumbran a mí, piden más. Quieren que las llene, que las inunde de leche. Pero casi siempre estas palabras están llenas de sexo y deseo. Sé que no son sinceras, pero tampoco lo soy yo. Por eso le dije que no iba a dolerle para culearla rico. De ese modo ella fue mía esa tarde de julio.

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