Me coji a mi vecina y dejamos salir todos esos deseos reprimidos.

Por fin dejamos salir todos esos deseos reprimidos por años cogiendo como animales, la deseaba con locura cada vez que la veía y sobre todo cuando la saludaba con dos besos en las mejillas, podía sentir su piel tersa y sobre todo ese olor tan rico que me ponía muy caliente. Le estaba dando un inocente masaje en los hombros y sin darme cuenta el masaje se convirtió en una serie de caricias por sus pechos, cintura, piernas hasta que nos llevo a la cama.

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