Sus gemidos son mi recompensa cada que la penetro fuerte

Sus gemidos son mi recompensa cada que la penetro fuerte. Lo sé, porque la miro y entiendo su gozo. La estoy rompiendo, pero a ella le encanta y quiere más. Aunque quisiera detenerme no puedo. El placer que experimento me tiene consumido en un sólo propósito: darle placer. Su rostro, lo reitero, me tiene extasiado. Su carita de niña envuelta en un cuerpo de deseo me tiene maravillado. Luego, cuando dejo de concentrarme en su rostro para no venirme, la oigo. Me dice dulcemente poseída por el placer que no pare… Me dice que me quiere aún  más dentro y entonces exploto dentro de ella.

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